Crónicas, entrevistas y retro-reseñas

CUARTETO DE NOS EN MADRID: EL GRAN SHOW DE LOS ALQUIMISTAS [CRÓNICA]

Llegar a lo más alto cuesta. Si no eres familiar del que está ahí arriba, alcanzar la cima resulta complicado en mayor o menor medida... ¿artista y sin padrino, madrina o similar?, estás en las mismas. Quizás por ese motivo, cuando un grupo como Cuarteto de Nos actúa por primera vez en un estadio en Argentina —en Buenos Aires ante 25.000 seguidores y con grabación en directo: Sigo atravesando puertas— o se estrena en el Palacio de Deportes (Mov. Arena) de Madrid el 30 de junio, te alegra más si cabe. Como cuando tu selección de fútbol gana, parece que tú también ganas aunque te cueste dinero. 20 años después de Raro, el disco que puso al Cuarteto en la senda del éxito, este ofreció su mayor concierto en España hasta la fecha y en el marco de su 'Tour Puertas', la gira de presentación de su último disco Puertas

La jugada era arriesgada. En primer lugar, el concierto de la capital no era el único en España de este 'Tour Puertas'. En segundo lugar, la última vez que nos visitaron fue a finales de 2024. Las cosas han cambiado, antes no era fácil escuchar al Cuarteto por aquí; por ejemplo, en 2018 cuando vinieron a presentar Apocalipsis zombie, habían pasado 10 años sin tocar en España. Además, hay que recordar que en principio la cita en el Palacio estaba programada para marzo, pero no pudo ser "debido a temas personales de la banda". Resumiendo, no hubo lleno en un recinto sin las gradas habilitadas, pero la pista presentaba buena entrada. Lo peor en este sentido, el 'front stage'. Ese espacio reservado tampoco se llenó, dejando entre las primeras filas y la pista unos huecos que... sin más, no me gusta el 'front stage'. 

 

El reloj ya había marcado las 21:00 horas cuando, tras ver unas animadas y coloridas puertas en la pantalla gigante, sobre el escenario aparecieron Roberto Musso (voz y guitarra), Gustavo Antuña (guitarra), Álvaro Pintos (batería) y Santiago Marrero (bajo, teclados). Extraña sensación la de no ver a Santiago Tavella —abandonó la formación en 2024 después de cuatro décadas, casi nada—, pero según empezó a sonar Puertas, aquella sensación comenzó a cambiar y... y cambió del todo unos minutos después, porque la segunda canción del martes fue El hijo de Hernández. "Soy quien soy, no preciso identificación. Sé bien de dónde vengo y dónde voy, porque soy lo que soy y no quien quieras vos", unas y otros cantaron y botaron como si fuera la última del concierto, palabra.

"Y oigo una voz que dice, sin razón, 'vos siempre cambiando ya no cambias más'. Y yo estoy cada vez más igual, ya no sé qué hacer conmigo", se veía venir y el primer tema rescatado de Raro en Madrid deparó otro momentazo.  Prácticamente igual sucedió cuando la gente reconoció Lo malo de ser bueno, de otro de los discos recordados con más cariño como Porfiado. Entonces fue cuando Roberto saludó y agradeció por primera vez. El líder del grupo estaba realmente pletórico, tal vez más cuando comprobó que sus seguidores corearon con ganas En el cuarto de Nico, una de las canciones del último álbum Puertas.

 

Después de Flan, el cantante volvió a dirigirse al público: "Cuando Mary Shelley escribió la novela de Frankenstein solo tenía 18 años. Se imaginó un monstruo enorme, invencible, inmortal... esta es para todos los Frankensteins posmodernos". No había duda, era el momento de escuchar Frankenstein posmo y la gente coreó... No sé si debido a cierta breve pausa para cambiar de instrumentos o a que aún no ha calado en condiciones, pero el personal no recibió Ganaron los malos, otra de las últimas canciones del grupo, como yo imaginé porque es un temazo y ese estribillo no podría ser más coreable: "gritaron más alto, jugaron más sucio, fueron más astutos, nos acorralaron... ganaron los malos". Afortunadamente el ambiente no tardó nada en volver a caldearse porque Mario Neta provocó botes y más botes mientras el recinto rugía al grito de "¡dale, marioneta, son las 07:00, levantate!".

"¿Cómo lo vamos pasando por acá adelante?, ¿y por allá atrás, amigos? Sé que hay muchos de ustedes muy jóvenes y mañana tendrán colegio", Roberto bromeó, como si tratara de relajar un poco el ambiente antes tras semejante vendaval. "Simplemente, por contextualizar la canción...", y después de explicar el origen del concepto "cortina de humo", entonces sí, El perro de Alcibíades, otra de las canciones de Puertas que aún tienen que madurar entre sus seguidores. Al son de Vida ingrataContrapunto para humano y computadora nos dieron las 22:00 horas y llegó el momento de un nuevo paréntesis... 

La calma duró exactamente lo que tardó el Cuarteto en entonar Esplín, quizás la más celebrada de sus más recientes composiciones: "Ahí vuelve, el esplín, ya lo siento clavando su estaca por dentro, dejando el temblar en silencio... Y otra vez todo roto". "Gracias por los carteles, por los aplausos, gracias por la buena onda", al filo de las 22:30 nadie se guardaba nada, ni sobre el escenario ni en la pista. Y tras conocer el porqué de la anterior Rorschach, turno de dar paso a Me amo. "Ustedes los del Cuarteto son una especie de alquimistas de la filosofía, transforman ideas que nadie entiende en canciones que nadie entiende", la anécdota fue divertida, las cosas como son. Está claro que las letras se entienden, pero aquel individuo no dejaba de tener razón en cuanto a la alquimia. 

Más sonrisas cuando, durante la presentación de cada músico, Roberto se olvidó de Álvaro por no ser músico... Así, casi sin darnos cuenta, nos precipitamos a la recta final al son de Maldito show primero y El cinturón gris después. "¡Uh-oh, oooooh! Alguien que dé calor, ¡uh-oh, oooooh! Le pido por favor, ¡uh-oh, oooooh!, maldito invierno del 92", había ganas de cantar y corear Invierno del 92 y el clásico de Raro fue una auténtica explosión de júbilo. Tantas ganas había, que cuando el grupo amagó con retirarse... de allí no se movió ni el apuntador. Casi dos horas después, hora del gran final. Para empezar, Cara de nada, para rematar, Yendo a la casa de Damián, qué manera de rugir el recinto. La demostración definitiva de que los buenos, en ocasiones, también ganan y a estos cuatro ya les tocaba salir por la puerta grande en recintos como el Palacio de Deportes de Madrid.

Texto y fotografías: Alberto C. Mollina 

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