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CAETANO VELOSO EN MADRID: (QUIÉN SABE SI) EL ÚLTIMO BAILE [CRÓNICA]

Asistir al concierto de Eric Clapton fue un sueño cumplido, pero regresar al Palacio de Deportes (Mov. Arena) de Madrid 28 días después para disfrutar de otra leyenda viva... inesperado, pero ahí estaba él: Caetano Veloso. El mismísimo Caetano Emanuel Vianna Telles Veloso que lideró el llamado 'tropicalismo' junto con Gilberto Gil en los 60 y este verano cumplirá 84 años, tal cual, por increíble que parezca. El cantautor brasileño llegó a la capital tras actuar ante medio millón de personas en su último tour por estadios junto a su hermana Maria Bethânia. Único concierto de esta gira en España y quizás el último según apuntan fuentes cercanas al artista bahiano. 

Como diría otro ilustre que se despidió en este mismo escenario, nos sobraban los motivos para acudir a la cita del 4 de junio, por cierto, mientras la ciudad se preparaba para recibir la primera visita del papa León XIV. No hubo lleno, pero las personas allí presentes dedicaron la primera y sonora ovación a Caetano igualmente según se dejó ver ahí arriba alrededor de las 20:40 horas. Para empezar, Branquinha, una de las imprescindibles de aquel disco Estrangeiro de 1989. Para continuar, Gente y Vaca profana —nueva ovación al mencionar la "Movida madrileña"—. Más de 50 discos, 13 Grammy Latinos... casi 60 años de trayectoria son muchos años para recordar en 90 minutos más o menos, así que no había ni un minuto que perder. 

De manera que, tras recordar aquella época del 'tropicalismo' con Divino Maravilhoso, brevemente el músico se dirigió a su público: "Madrid, mis canciones hablan en su mayoría en este show de cosas que se presentan en el mundo que no son fáciles, que no son bellas. Y así seguimos". Así dio paso a un bloque de canción protesta que inició con Podres poderes y esa letra que dice "mientras los hombres ejercen sus podridos poderes, morir y matar de hambre, de rabia y de sed son muchas veces gestos naturales" y también incluyó Anjos Tronchos, una de las canciones de su último álbum Meu Coco (2021) en la que reflexiona sobre internet, algoritmos y "los millonarios del mundo". De hecho, las imágenes de Elon Musk, Jeff Bezos o Mark Zuckerberg, entre otros, se sucedieron en la pantalla gigante. 

Dos de los momentos más especiales de la velada no tardaron en llegar. Primero cuando Caetano echó mano a la guitarra para tocar Sozinho y, en segundo lugar, cuando entonó Cucurrucucú paloma, en castellano, cómo no. Emocionante versión de la canción escrita por el mexicano Tomás Méndez y que, ojo, ya interpretara en la banda sonora de Hable con ella de Pedro Almodóvar —y con quien se encontró en Madrid antes del concierto porque compartió fotografías—. La emoción no terminó ahí, porque su clásico O leãozinho tampoco podía faltar y no lo hizo. 

Mucho clásico, por supuesto, y entre clásico y clásico, Um baiana, su canción más reciente y con un mensaje de paz. Algo más que una declaración de intenciones por parte de alguien que pasó por la cárcel y el exilio durante la dictadura militar brasileña. Entonces se hizo la fiesta y el público en pie tanto en la grada como en la pista para bailar, cantar o dar palmas sin más. En cualquier caso, difícil no dejarse llevar por el ritmo de Caetano y todos los músicos que le acompañaron allí arriba en todo momento, detalle importante, con guitarrista, bajista, batería, teclista, percusionista, trompetista y saxofonista/flautista. 

Superada la hora de recital, tocaba disfrutar de un clásico del 'tropicalismo' como Alegria, alegria, así como de otras piezas como QueixaDesde que o samba é sambaReconvexo, É hoje o el bis, Odara. A esas alturas nuestro protagonista también se atrevió con algún que otro contoneo e incluso cierta agachadita. Seguro que alguien más seguirá sin saber si la camisa amarilla que lució era demasiado grande para él o él demasiado enjuto para esa prenda, pero lo cierto es que a sus casi 84 veranos, el brasileño aguantó con toda la dignidad del mundo hasta el final. Veloso demostró que una leyenda viva no solo se alimenta del pasado, sino también del presente y quién sabe hasta qué punto del futuro. Si fue el último baile en Madrid, valió la pena.

 Texto y fotografías: Alberto C. Molina 

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