10 de marzo de 2013

TIERRA SANTA


¿Puedo confesarte un secreto? Cierto, qué pregunta más absurda y retórica, te lo voy a confesar de todas formas. Por H o por B a diario invierto alrededor de dos horas entre los pasillos, escaleras, andenes y vagones del Metro de Madrid. El hábitat de gente apresurada, músicos que siempre tocan la misma de Dire Straits a cambio de unas monedas y algún que otro yonqui o toxicómano, se admiten eufemismos. El caso es que en el interior de cualquier vagón suelen pegarse fragmentos de obras narrativas para amenizar los viajes, y de paso tratar de despertar en ciertos usuarios el gusto por la lectura. 

No se me escapa ni un solo texto, ese era el secreto. De hecho, creo que lo primero que hago al entrar en un vagón es echar un vistazo en busca de novedades... Y haciendo memoria, recuerdo que durante bastante tiempo no era difícil toparse con La Canción del Pirata, ya sabes, el mítico poema de José de Espronceda que años, años y más años después harían canción estos genuinos jevis riojanos.

Tierra Santa nació un buen día en 1997, aunque desde el 92 la banda había comenzado a dar sus primeros pasos bajo el nombre de “Privacy”. Lo del cambio de nombre no debió de responder a capricho alguno, porque  mientras que el inicial no evocaba nada especial, el posterior traía y trae a la memoria ese histórico lugar testigo de las Cruzadas y sus correspondientes aires épicos, los mismos de las composiciones del grupo.


Habitualmente se dice que los comienzos son duros y su caso no fue una excepción. De manera que Ángel San Juan (voz y guitarra), Arturo Morras (guitarra), Roberto Gonzalo (bajo), Iñaki (batería) y Tommy (teclados) autoprodujeron en el 97 su primer trabajo de estudio, Medieval, lo cual no resultó ningún lastre en el devenir de su carrera. Todo lo contrario, salieron de gira con DIO y Avalanch y captaron la atención de una discográfica en condiciones de cara a grabar el segundo disco en 1999. 

El título elegido en esta ocasión fue Legendario, de nuevo ambientado en la Edad Media y con toques de Power Metal. Después de la correspondiente gira de promoción llegó Tierra de leyenda (2000), otra declaración de intenciones repleta de  grandes canciones como la citada La Canción del Pirata, El Caballo de Troya o La caja de Pandora, por citar algunos ejemplos. Pero el álbum que les consagraría definitivamente sería  el siguiente,  Sangre de Reyes. Publicado un año más tarde, éste supuso un salto de calidad en la carrera del grupo aunque, eso sí,  conservando su esencia.


Tras otro trabajo de estudio, de nombre Indomable, y el doble CD en directo de Las mil y una noches,  a partir de 2004 Tierra Santa experimentó una particular evolución en su música, con un sonido melódico más cercano al Hard Rock, debido en parte al mayor protagonismo de los teclados, y ya no sólo en la música. Apostaron por una temática más real y actual en detrimento de la ficción que les dio a conocer años atrás. 

Esto mismo reflejaron Apocalipsis, primero, y Mejor morir en pie, después, discos que les valieron el reconocimiento tanto de crítica como de público general, con las consiguientes  ventas que ello siempre supone. Poco después de la publicación del último de ellos, en 2006, Iñaqui fue expulsado de la banda y su puesto lo ocupó David Carrica. 

Tras celebrar el décimo aniversario de la banda con un doble CD recopilatorio que incluyó tres temas inéditos, en 2008 hicieron pública su decisión de aplazar toda actividad musical y artística. Un paréntesis que cerraron en 2010 con el lanzamiento de Caminos de Fuego con el sello Maldito Records. En 2012 vio la luz Medieval & Legendario, es decir, la reedición y remasterización de dos de sus discos más célebres y en 2013, un nuevo álbum de estudio, Mi nombre será leyenda.

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