13 de septiembre de 2016

DCODE: A LA DERIVA

Hace cinco años cubrí mi primer festival como periodista cuando aún no había salido de la Facultad. De hecho aquel primer Dcode (Sum 41, My Chemical Romance, Band of Horses, Lori Meyers, The Hives, Kasabian) no se podría haber celebrado más cerca, en el campo de rugby de Cantarranas de la propia Universidad Complutense de Madrid. Por ello y porque quién sabe si será la última, esta crónica de la sexta edición publicada en mariskalrock.com es tan importante.


Otro verano repleto de festivales y más festivales llega a su fin y en la capital la última gran cita con la música en vivo y el calor volvió a celebrarse en el Campus de la UCM y llevar por nombre Dcode. Un total de 16.000 asistentes —la cifra más baja de su historia— durante una jornada única desde las 11:00 del sábado hasta bien entrada la madrugada.

Dos escenarios principales conocidos como “los gemelos” y otro pequeño llamado “Complutense” al resguardo de una carpa. Precisamente ahí tuvieron lugar unos primeros conciertos con el horario de mañana y los problemas técnicos en común. Aún así los más aplaudidos y concurridos fueron Belako y León Benavente. El cuarteto de Mungia llegó dispuesto a hacer sonar su último Hamen a pesar de los pesares y Josu casi acabó compartiendo su guitarra con el público. Por su parte Abraham Boba y los suyos repasaron 2 al son de canciones como Tipo D o Gloria sin olvidar aquel homónimo debut con Ánimo, valiente o Ser brigada entre otras.

Temperatura en aumento, sombras más que escasas y entre puestos de comida y bebida, merchandising e incluso merendero, lo que más me llamó la atención fue toparme con una zona infantil. Respeto a todo el mundo y a la organización que se lo curró en ese sentido, pero por muy bonitas que queden las fotos con niños tan pequeños a hombros o en carrito con sus coloridos protectores auditivos, un lugar con tanta gente borracha, colocada y/o enseñando cacha no es lo más apropiado. Y ahora es cuando quizás te eches las manos a la cabeza y me increpes. Tú mism@.

M. Ward
En cualquier caso ahí estábamos el fotógrafo Paco García y un servidor entre tanto moderno y moderna, hipster e influencer, fauna y flora típicos de este tipo de eventos. Aunque el escenario #1 comenzó a carburar a las 16:00 horas con Bear's Den, la entrevista a Eagles Of Death Metal que podrás leer en La Heavy hizo que M. Ward en el escenario #2 se convirtiera en el primer objetivo vespertino. Personalmente la sorpresa de esta edición pese a su discografía desde el 99. Como si se tratara del actor Mark Ruffalo —a quien me recordó en la distancia y en la pantalla gigante—, el californiano Matthew Stephen Ward convenció con una interpretación en la que engancharon ese timbre tan particular, cantando como desganado, y riffs folkis y bluseros.   

Reconozco que si a continuación no me entusiasmaron Jimmy Eat World fue en gran medida porque la franja de 17:30 a 18:15 no encajaba lo más mínimo con su rollo emo alternativo. Aún así Jim Adkins y compañía salieron a por todas con el pegadizo Get Right, single de su último Integrity Blues. Álbum en el que tampoco se entretuvieron más de la cuenta, por suerte para unos fans que pudieron corear clásicos como Bleed American, Pain, Sweetness o The Middle.


Jesse Hughes
Pasadas las 19:00 horas asistimos a uno de los platos fuertes de este Dcode 2016 para la parroquia rockera. Por fin Eagles Of Death Metal descargando en Madrid tras aplazar primero debido al ataque terrorista en la sala Bataclán de París y posteriormente por la rotura de un tendón del frontman Jesse Hughes —y presentando de paso aquel Zipper Down publicado a finales del año pasado—. Sin Josh Homme como es habitual en concierto, el histriónico “Boots Electric” no tardó en imponer su ley con la ayuda de la guitarra solista de Dave Catching, el bajo de Matt McJunkins y la batería de Jorma Vik. “¿Creéis en el poder del Rock 'n' Roll?” bramó Jesse al más puro estilo predicador luciendo Gretsch, bigotazo, tirantes, camiseta de los Cramps y actitud, muchísima actitud para superar los problemas técnicos reinantes durante toda la jornada y meterse al público en el bolsillo desde la inicial I Only Want You

Sembrado en su papel de showman no dudó en echar mano de un consolador para dar paso a una Oh Girl con la que pusieron todo patas arriba. Poco después bajó del escenario con la excusa de I Love You All The Time, el tema que tras lo sucedido en París han versionado con fines benéficos desde Elton John hasta Kings of Leon, pasando por los propios Jimmy Eat World, Halestorm, Nada Surf o nuestros Moebio. Sin embargo, lo más emotivo fue su versión del Moonage Daydream de David Bowie y el guiño a Lemmy con los compases iniciales de Ace of Spades.

Nos tomamos un respiro y dejamos que los más poperos y radioformuleros disfrutaran de Zara Larsson, una especie de Beyoncé nórdica. Se trataba de llegar lo más enteros posibles al broche rockero de nuestro particular Dcode. Antes, alrededor de las 21:00, desde el mirador de la zona VIP, entre rostros conocidos de la caja tonta, presencié desde la distancia el plato fuerte para los indies que ya abarrotaban el recinto al amparo de la noche: Love of Lesbian. "Muy buenas noches Madrid, demos la bienvenida al puto otoño" saludó Santi Balmes tras arrancar con Cuando no me ves y justo antes de lanzarse a por Bajo el volcán, también del listado de su último El poeta HalleySentida dedicatoria la de Los seres únicos para una víctima de leucemia. "A ver si os gusta nuestra selección condensada como la leche de la nevera" comentó Santi desde el escenario antes de un Domingo Astromántico poco habitual en directo y doblemente especial puesto que contaron sobre el escenario con la cantautora mexicana Carla Morrison —quien también formaba parte del cartel de esta edición—.  Y si con este dueto subieron el nivel, con Algunas plantas y la lluvia de serpentina y confeti supieron mantenerlo. Lo más rockero que se marcaron fue I.M.T. - Incapacidad moral transitoria, con un porqué que te invito a descubrir, y la sorpresa fue que cerraran con una más de El poeta Halley como Planeador en lugar del Club de fans de John Boy que se quedó con la penúltima posición.

Bunbury
Y entonces, después de dejarme caer con Paco por el escenario #2 para tratar de dar una oportunidad a los irlandeses Kodaline y su descafeinado buenrollismo, llegó la hora. Primera gran ovación para recibir sobre el escenario principal a Bunbury y los Santos Inocentes. “Amanecí con los puños bien cerrados y la rabia insolente de mi juventud” agradecieron con Iberia Sumergida para empezar recordado los tiempos de los Héroes del Silencio con unos arreglos más del gusto del Bunbury más latino. “¡Buenas noches, cabrones!” saludó y deseó que disfrutáramos del listado elaborado para la ocasión, temas con los que resumir 30 años de trayectoria. 

Y si el gentío coreó Porque las cosas cambian, imagina cómo fue reconocer primero la letra de El camino del exceso, ese otro clásico de HDS que acabó sonando totalmente psicodélico, y a renglón seguido una Avalancha que fue animándose y electrizándose hasta romper en el estribillo y los riffs de Jordi Mena. “¡Dímelo, dímelo una vez!” cantó todo el mundo como si no hubiera un mañana al son de aquel  contenido en Flamingos y claro, por duplicado tuvo que agradecer Bunbury. “Vamos a tocar algo del disco que grabamos con Nacho” y la noche madrileña brilló con las cámaras de cuantos quisieron inmortalizar Puta desagradecida

Al filo de las 00:00 horas, casi a cappella, se marcó un Infinito con el que bajó del escenario para tener aún más cerca a los suyos y acabó con otra gran ovación. “Vamos a tocar algo de la primerísima etapa, esto se llama Mar adentro” y cuando parecía que no se podía superar nos regaló Maldito duende. “Ha sido un enorme placer cantar para ustedes y con esta canción nos vamos a despedir” sentenció Bunbury justo después de presentar uno por uno a los Santos Inocentes, de 10 en todo momento, y con Lady Blue terminó todo.

De modo que así decidimos aparcar el Dcode hasta una nueva edición en la que esperemos que nuestro Rock suene más y mejor y no se limite a nombres contados con los dedos de una mano a la deriva en una inmensidad indie.

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