7 de enero de 2013

CREAM: WHITE ROOM

Al hilo de la entrada que también pudiste leer por aquí sobre el álbum Slowhand de Eric Clapton, me gustaría continuar tirando de la madeja y escribir en esta ocasión acerca de una de las canciones más célebres ligadas a la figura del guitarrista británico.

Si en el caso de Slowhand hacíamos  referencia a la carrera en solitario del músico, en el de White Room hacemos lo propio con su etapa en Cream, la primera gran superbanda de la historia. Corría el año 1968 cuando Clapton y sus compañeros Jack Bruce y Ginger Baker publicaron su tercer trabajo de estudio, Wheels of Fire. Grabado en Nueva York y San Francisco, y distribuido en cada orilla del Atlántico por un sello diferente —Polydor en EE UU y Atco en Reino Unido—, pasó a la posteridad como el primer disco doble de Platino en el mundo. Un hito que sólo puede entenderse a partir de un listado de temas encabezado por un grande entre los grandes, White Room.

Las letras fueron obra de Bruce y el artista Pete Brown, quien, según la leyenda, recibió la visita de las musas mientras consumía ciertas sustancias alucinógenas. Algo que, por otra parte, no sería disparatado teniendo en cuenta que por aquel entonces el movimiento hippie estaba en pleno auge y que la canción está encuadrada dentro del denominado rock psicodélico, entre otras categorías.

En cuanto a las partituras de la guitarra, de ello también se encargó Bruce, a pesar de no ser guitarrista, sino bajista, aunque el que terminó dándoles mayor gloria sobre las tablas de un escenario fue el más joven del terceto… Lo dicho, una canción imprescindible.

In the white room with black curtains near the station.
Blackroof country, no gold pavements, tired starlings.
Silver horses ran down moonbeams in your dark eyes.
Dawnlight smiles on you leaving, my contentment.
I’ll wait in this place where the sun never shines;
Wait in this place where the shadows run from themselves.
You said no strings could secure you at the station.
Platform ticket, restless diesels, goodbye windows.
I walked into such a sad time at the station.
As I walked out, felt my own need just beginning.
I’ll wait in the queue when the trains come back;
Lie with you where the shadows run from themselves.
At the party she was kindness in the hard crowd.
Consolation for the old wound now forgotten.
Yellow tigers crouched in jungles in her dark eyes.
She’s just dressing, goodbye windows, tired starlings.
I’ll sleep in this place with the lonely crowd;
Lie in the dark where the shadows run from themselves.

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