3 de junio de 2012

CHÓNISPHERE (CAPÍTULO II)

Si la curiosidad mató al gato, la pereza se cargó al blog. Además, si tomo por costumbre escribir cada cinco días, me pongo en tu lugar y vas a sufrir lo que no está escrito (ni aquí ni en ningún sitio) para no hacer la rima fácil... Sin embargo, tampoco es lo que parece. El porqué de escribir ahora y no días antes es que, precisamente ahora, se cumple una semana del fin de la 4ª edición del Sonisphere en Getafe. Claro, qué mejor ocasión para cerrar su correspondiente crónica por mi parte y, de paso, responder esas preguntas que dejé abiertas con tan mala leche y peor café. 

¿Por dónde íbamos? No seas trampos@ e intentes liarme porque ya te comenté que hasta el próximo número de La Heavy no meterás el diente a esa tarta. Tenías que intentarlo, te entiendo, pero donde nos quedamos fue justo después de la entrevista a Noodles de The Offspring, ocurriera lo que ocurriera en aquel backstage del auditorio John Lennon. Tras hacer escala en la carpa de la prensa para tragarme una bebida de esas que te dan alas y están elaboradas a partir de los #@*&$! de algún toro según la leyenda, cuando se me pasó el susto, regresé a la zona de los mortales bajo el sol y donde las bebidas se pagan para "disfrutar" de Limp Bizkit, por cierto, quienes ya habían dado buena cuenta de un par de canciones sobre el escenario principal. 

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Y muy bien visto, he entrecomillado porque a mí me decepcionaron sobremanera. Ni siquiera las pintas lograron distraer al personal. El vocalista Fred Durst (a sus 41 añitos) parecía un cruce entre rapero hortera y Jorge Lorenzo en el podio; el guitarrista Wes Borland lució modelo Ace Frehley de cintura para arriba (máscara incluida) y mandril de cintura para abajo, que no se sabía si iba enseñando carne o eso ensangrentado era un postizo de silicona. He visto parones injustificados en multitud de conciertos. Que si a uno le da por contarle no sé qué al público, que si el otro se acuerda de saludar a no sé quién... pero como este de Limp Bizkit pocos. ¡Qué pesados! ¡Peores que yo cuando me da por enrollarme en el programa! El colmo, cuando Fred empezó a llamarnos "beautiful" sin venir a cuento y luego resultó ser una versión a capela de la canción Beautiful de Christina Aguilera (tócate las narices por no decir otro apéndice). Ni siquiera cuando pidió a todas esas chicas que subieran al escenario y una decidió desafiar la ley de la gravedad dando saltos sin camiseta ni sujetador... ni siquiera entonces se animó aquello.

En todo caso, o al menos a mí me ocurrió así, lo único que me despertó de la siesta un poco fue Rolling (Air Raid Vehicle), una de mis favoritas de la banda y de las últimas en sonar en Getafe. Tras reunirme con mi expedición y contarles cómo fue la entrevista (no insistas más, hasta La Heavy nada) tocó ver a Noodles en acción con el grupo al completo mientras mucha gente prefería ver la final de la Copa del Rey entre Barça y Bilbao en una pantalla gigante, hay gente "pa'tó". Un set list el de The Offspring con todos sus clásicos, como Why Don’t You Get a Job? o Pretty Fly (For a White Guy), es decir, sin sorpresas excepto el single del que será su nuevo disco a partir del 26 de junio, Days Go By. Alguno les encontró demasiado "parados" ahí arriba, pero ojo, estos adalides del Punk Rock norteamericano más juvenil dejaron de ser unos chavales hace años, muchos años, de hecho ellos están muy cerca de los 50 años. Peor parados salieron los siguientes en el primer escenario, Soundgarden, cuya música ni siquiera es festiva. Todo lo contrario, pero había por allí gente que al parecer jamás se molestó en escuchar antes a los de Seattle. 



Quizás fue que me quedé con las ganas de ver a Chris Cornell en solitario cuatro años atrás en el primer y madrileño Rock in Rio (se canceló su concierto debido a retrasos en la grabación de un disco), que ver a Matt Cameron en la batería es ver al 20% de Pearl Jam (recordemos que unirse a Eddie Vedder y compañía estuvo en Soundgarden hasta su disolución en el 97) o que tenía muy presente el hecho de estar ante el primer concierto de Soundgarden en Europa en 15 años (se reunieron en 2010), pero a mí me convencieron. Musicalmente hablando dieron el mejor directo de la jornada, lo cual tuvo mérito con esa acústica tan mala. Acabó Chris Cornell alzando la guitarra al final de una Slaves & Bulldozers que parecía no tener fin y yo, dirigiéndome hacia la salida. ¿Y Machine Head? Me los perdí, no te voy a engañar, pero a las 03:00 horas arrancaba en directo en esRadio el programa 500 de Felipe Couselo y Diego Cardeña y como invitado que era tenía que ser puntual. Si no me crees aquí mismo tienes el podcast, a ver qué tal me defendí en el concurso que prepararon.


A las 06:00 acabamos, hasta las 07:00 no llegué a casa, pero claro, algo habría que dormir antes de volver a subirme al tren hacia Getafe con escala en Atocha. Cuando quise volver a poner un pie en el recinto los Children of Bodom estaban despachando las últimas canciones de un directo que también supo a poco (muy corto me contaron después) a quienes estuvieron allí desde el principio. De Vita Imana (los representantes del Metal nacional) y Mastodon ni hablar porque esos conciertos me los perdí enteros (hubiera sido la tercera vez que veía a los de Atlanta). Así que mi segunda y última jornada festivalera comenzó con los holandeses Within Temptation. Reconozco que nunca estuvieron entre mis favoritos, tampoco les he escuchado mucho, pero me sorprendieron para bien empezando por Sharon den Adel, pues cantando estuvo impecable, la mejor voz de esta edición del Sonisphere. De Slayer sólo destacaré que estuve tan pendiente del escenario como de los dos pogos entre los que me vi rodeado (en uno de ellos participó uno o una con máscara de Spider-Man, desconcertante).

"Teloneros" de excepción antes de la principal atracción del festival: Metallica. Si hasta ese momento había hablado en términos de "gentío" o "marabunta", con más de 50.000 personas esperando a los de San Francisco ya no sé en qué términos hablar (la asistencia global fue de 92.450 personas). Una locura, menos mal que en los laterales aún se podía respirar. Fueron dos horas de show entre pirotecnia, juegos de láser y "Black Album", pues no olvidemos que la excusa de esta gira era tocar todas y cada una (y en sentido inverso) las canciones de su homónimo álbum de 1991. El caso es que con más de media hora de retraso y al son del The Ecstasy of Gold de Ennio Morricone aparecieron sobre el escenario James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo. 

Después Hit the Lights (se dice que fue la primera canción que Hetfield y Ulrich compusieron al fundar la banda allá por 1981), Master of Puppets, The Shortest Straw (un corte de ‘…And Justice For All’ que no suele sonar en directo), For Whom the Bell Tolls y Hell and Back (otra sorpresa, de su EP de 2011 Beyond Magnetic). Canciones con las que arrancaron y que precedieron ese momento mágico de volver a escuchar en vivo el llamado "Black Album". Y aquí es donde te adelantaba que me reencontré conmigo mismo entre tantísima gente. Primera vez que veía al grupo en directo y además con el primer disco que escuché con The Unforgiven como himno particular. Muchísimos recuerdos afloraron como podrás imaginar, pero sensiblerías aparte, los Metallica se salieron y como se suele decir, lo dieron todo.

Por si fuera poco me llamó la atención la cercanía que mostraron no sólo hacia sus incondicionales, sino hacia todo el público en general, demostrando que no todo es tocar, sino que hay que currarse cada detalle. Tras Enter Sandman llegaron los bises: Battery, One y Seek & Destroy. Espectaculares de principio a fin. Quise acabar la jornada con Fear Factory, pero tras la desbandada general una vez finalizado el concierto de Metallica, sólo aguanté para ver a los franceses Gojira, en verdad muy recomendables. En fin, que como no sé qué más contarte y lo de bacanal de la tienda de campaña, jaima o como quieras llamarla es muy íntimo y habrá quien pague por descubrirlo (o verlo), lo dejamos para otro post... ¡Ah, espera! Cierto, el porqué del título de este post. Porque a las 06:30 horas nos juntamos en el tren de vuelta hacia Atocha los del festival y los quinquis y chonis que venían de farra de algún polígono de por allí, pura fusión de culturas. Y que le leí algo parecido a Gema en su Facebook y no me pude resistir, pero eso ya lo conté, ¿verdad?

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